jueves, 15 de septiembre de 2016

"Todo es posible"



Ya hemos planteado las dificultades que presenta el saber con certeza sobre quién recae el Papado desde la renuncia de Benedicto XVI (aquí y aquí). Hemos referido que existe una posibilidad que la misma haya sido inválida y que en ese caso Francisco sería sólo "Papa putativo", ejerciendo de hecho la potestad papal pero limitada a los actos para el bien común de la Iglesia (ello explicaría, entre otras cosas, la "no asistencia" para "canonizaciones" dudosas...)

Pues bien,  en el reciente libro-entrevista "Ultimas conversaciones" con el Papa emérito, el periodista  Peter Seewald le pregunta : "Usted conoce la profecía de Malaquías quien en la Edad Media compiló una lista de futuros Papas, previendo asismismo el fin del mundo, o al menos el fin de la Iglesia. Según esta lista, el papado se terminaría con vuestro pontificado. ¿No será que Ud. es efectivamente el último en representar la figura del Papa tal como la conocemos hoy? La respuesta de Ratzinger fue la que sigue: "Todo es posible". Y agrega: "Probablemente esta profecía nació en los círculos del P. Felipe Neri".

La respuesta no deja de sorprendernos, puesto que él sabe que ha sido sucedido por el Papa Francisco, y la profecía tampoco es clara en su parte final, que dice así "En la última persecución de la Santa Iglesia romana, se sentará en el trono Pedro Romano, el que apacentará a sus ovejas en el medio de grandes tribulaciones, tras lo cual la ciudad de las siete colinas será destruída y el Juez tremendo juzgará al pueblo". 

La entrevista luego ofrece una salida para esta respuesta ambigua, cuando el periodista le pregunta: "¿Usted se considera el último Papa del mundo antiguo o como el primero del nuevo?" La respuesta es: "Entre ambos". Pero resulta claro que entre Benedicto XVI y Francisco no hay ruptura alguna en lo sustancial (sí en la "práctica", como el calificó el pontificado de Francisco en el mismo libro-entrevista), por lo que la última respuesta (y convengamos, también la pregunta) tampoco convence si no es a la luz de la proximidad de eventos que cambien el giro de la historia.

A su vez, para quien quiera  ver "entre líneas", toda apunta pues a un desenlace, que el Papa emérito conoce de primera mano por haber leído el texto de la explicación del tercer Secreto de Fátima, como él mismo reportó para la revista "Jesús" en 1984: "en él (el secreto) se habla de los peligros para la Fe y la vida de los cristianos. Pero lo que se dice está contenido en las profecías de la Escritura y confirmado por muchas otras apariciones marianas". Además,  (el secreto) recalca "la importancia de los novísimos" (Muerte, Juicio, Infierno, Paraíso). 

Ese desenlace lo hemos encuadrado, por nuestra parte, en el final de la "gran tribulación" (Mt. 24), la desaparición de las fuerzas del mal mediante un "Juicio", el comienzo de la restauración-purificación de la Iglesia y la instauración del Reino mesiánico.

lunes, 12 de septiembre de 2016

El "mensaje de Elías" (sic) a...Elías



Nunca vimos una tergiversación o inversión tan marcada como en la entrada del blog "Sursum corda" titulada por su autor  como "El mensaje de Elías. Respuesta a un lefebvrista" . Título por demás desafortunado, por lo que diremos a continuación y llamativo en una persona que ha dado muestras de inteligencia y de una eficaz defensa de la Fé en otros campos, por ejemplo, frente a la herejía protestante...

Se trata de la "respuesta" a la entrada de nuestros amigos del blog "Hacia la verdadera cristiandad" que destacaba las dos notas predominantes en la FSSPX en el momento crucial que vive en espera de un justo reconocimiento romano: "Identidad y confianza".

La nota pretende ser un "llamado a nuestros hermanos que están en el error a seguir a Dios, al Señor, al Unico y a permanecer fieles dentro de su pueblo" (sic seg) y de allí el recurso al profeta veterotestamentario.

Como hemos demostrado en esta bitácora, ya desde la primera época, hay un sólo candidato para reunir las características de los "dos Testigos apocalípticos": la FSSPX como Elías y las "comunidades amigas" como Enoc. Para muestra, nuestras entradas: "La balanza del Santuario", "Memorandum esjatológico-profético", "Y se pusieron de pie", "En el monte Horeb", "De exilios y desiertos"...

Tanto es así, que un comentarista del blog "Sursum Corda", que no somos nosotros, ni lo conocemos, ni es mandatado por nosotros  pero que quizás ha sido lector nuestro, le espeta: "A mi me parece lo contrario, creo que [el autor del blog] derrapó con el Apocalipsis...".

Desglosando la entrada, la primera parte alude a la distinta categorización del desvarío sedevacantista: usurpacionistas, sedevacantistas, sedeprivatistas, conclavistas, mentevacantistas, ritualistas, etc; la segunda, a los esfuerzos realizados por la FSSPX  ya desde los tiempos de Mons. Lefebvre para ser reconocidos por Roma, lo cual es perfectamente legítimo desde que se tiene a los Papas por verdaderos; la tercera, a una acusación a la FSSPX de ser "semi-modernistas" (sic ter), por el sólo hecho de considerar que la única Iglesia de Cristo se encuentra enquistada de modernismo; la cuarta a una consideración de tipo esjatológico: que con la llegada de la apostasía (Juan XXIII) la Sede está "usurpada", calificativo que el autor reivindica para sí (y que es contestado por los "sedevacantistas", como el autor del blog que no-ama-la-verdad).

Llegados a este punto nos vemos obligados a preguntarles a los referidos bloggers en qué quedó el dogma de que "habrá perpetuos sucesores en la cátedra de Pedro" y el de que éste último fué constituído "Cabeza visible de la Iglesia militante" (¿es que acaso fuimos dispensados de militar porque llegó la apostasía?) y cómo se gobiernan los católicos hoy ante situaciones diarias (a quién acuden o deberían acudir para dilucidar cuestiones que los incumben como católicos) y, por caso, a cuál de todas esas categorías de "sedevacantismos" o "usurpacionismos" deberían obedecer...

Pero la respuesta es que este desvarío se parece cada vez más al cisma protestante, tal como lo admite la misma entrada al contraponer la autoridad de Mons. Fellay con la de Cristo, mediante la cita de Hech 4, 12, como si aquél no tuviera la calidad de Obispo a quien debemos escuchar por mandato divino: "El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí (Jn 13,20)", "El que a ustedes oye, a mí me oye (Lc 10,16)","Yo les digo: todo lo que aten en la tierra, será considerado atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, será considerado desatado en el cielo (Mt 18,18)",  "Jesús les volvió a decir: «La paz esté con ustedes. Así como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes». Dicho esto, sopló sobre ellos: «Reciban el Espíritu Santo; a quienes ustedes perdonen, queden perdonados, y a quienes no libren de sus pecados, queden atados» (Jn 20,21-23)"

sábado, 3 de septiembre de 2016

El marco canónico ofrecido

El marco canónico ofrecido a la FSSPX, presuntamente ya aceptado, pero en espera de concreción o publicación, sería el de una Prelatura personal, pero una sui generis o más bien ad hoc. Tomamos prestado de Radio Cristiandad la traducción (¡no las ideas!) de los dichos de Mons. Fellay que hacen alusión a la misma:

"De Roma nos ofrecen una nueva estructura.
A la cabeza, un obispo. Este obispo, elegido por el Papa entre los tres nombres propuestos por la Fraternidad y de entre sus miembros.
Este obispo tendrá autoridad sobre los sacerdotes, los religiosos que quieran ser miembros de esta estructura y los fieles.
Todos los sacramentos; los fieles que pertenezcan a esta estructura tendrán el derecho absoluto a recibir todos los sacramentos de los sacerdotes de la Fraternidad. Todos los sacramentos, incluyendo el matrimonio.
El obispo tendrá el derecho a tener escuelas, seminarios, de ordenar, incluso para establecer nuevas congregaciones religiosas y de aceptar en su seno a aquellas que lo deseen.
Es algo así como una súper diócesis, independiente respecto de los obispos locales. Dicho de otra manera, para ustedes, ningún cambio con respecto a lo que están recibiendo actualmente. La única diferencia será que ustedes serán reconocidos oficialmente como católicos"

Pues bien, esa "Prelatura" así concebida, se asemejaría más a un Ordinariato que a una Prelatura. El ejemplo típico de Ordinariato es el que se encuentra previsto para la institución militar y es aquél que tiene la responsabilidad de la pastoral entre los militares y sus familias (canon 368 del CIC de 1983). El otro ejemplo es del "Ordinariato personal" para los fieles de tradición anglicana surgido a raíz de la Constitución apostólica "Anglicanorum coetibus" de noviembre de 2009 (pontificado de Benedicto XVI), de los cuales existen tres (véase aquí el sitio oficial del Ordinariato para Estados Unidos y Canadá) y que cuentan a su cabeza con un Obispo.

De la lectura del referido documento pontificio, se deduce una coincidencia con lo dicho por Mons. Fellay, con algunas precisiones: los Ordinariatos personales son erigidos después de consultada la "Conferencia episcopal" del lugar, se establece que el "Catecismo de la Iglesia católica" es "expresión auténtica de la Fe católica de los miembros del Ordinariato", el Ordinariato personal "está sujeto a la CDF y a los demás dicasterios de la curia romana", el Ordinariato se rige por los "libros litúrgicos propios de la tradición anglicana" pero "sin excluir las celebraciones según el Rito romano", el Ordinariato "está encomendado al cuidado pastoral de un Ordinario nombrado por el 'Sumo Pontífice'", la potestad del Ordinario "se ejerce de manera conjunta con la del Obispo diocesano local", el Ordinario puede erigir parroquias personales "después de haber oído el parecer del obispo diocesano del lugar".

Queda claro entonces que la nueva estructura deberá diferir en sustancia de este ejemplo si quiere tener viabilidad y una línea doctrinal clara, pero asimismo, el marco canónico no debería ser del todo anárquico que permita a la larga una instrumentalización contraria por parte de otros grupos poco o nada ortodoxos que se avengan a la oficialidad.  De hecho, la dependencia con Roma siempre ha existido y ninguna organización debería quedar exenta de ella (hablamos de la dependencia respecto del primado, no así de la jurisdicción delegada, la que es posible sortear sin infringir ningún derecho divino)

De igual modo, si bien la tendencia a las formaciones "personales" por sobre las "territoriales" es un distintivo de la "Iglesia conciliar" en miras a reunir en su seno a diferentes "sensibilidades" (en una suerte de ecumenismo intra eclesial), debe ponderarse que sea así para la Tradición, a efectos de no quedar reducida a una "diócesis" (caso de la Administración apostólica de Campos) que la convierta en "reserva de indios".

Repetimos: a los efectos del apostolado nos basta con la concesión de facultades para la administración de todos los Sacramentos, que en sentido laxo ya es un hecho, pero puesto que Roma está obligada a otorgar un marco canónico a la FSSPX, de no mediar algún impedimento para la Fé u otra causal de justificación (en el caso, la única posible, una subjetiva de "miedo grave"), la misma debe recibirlo sin más.

lunes, 15 de agosto de 2016

Interpretaciones sobre el "Juicio de las Naciones"


Nos solicitaron que profundizaráramos en el concepto de "Juicio de las Naciones", lo que haremos a continuación, no obstante advertir sobre la dificultad del tema, que se encuentra ligado al no menos conflictivo del "milenio" y sobre lo aséptico que puede parecer su tratamiento, consecuencia no buscada  de una circunstancia que está en los planes de Dios y que no reviste un carácter condicional, el que sólo puede aspirar a cumplir una función de advertencia.

El decubrimiento del concepto vino de la lectura del P. Benjamín Martín Sánchez, canónigo de la Catedral de Zamora, el que nos dice: "Este es uno de los temas que más se repiten en la Biblia; el Escriturista Padre García Ramos, aclara el término de la siguiente manera:
"Así como hay dos maneras de juicio de muertos, que son el particular (después de nuestra muerte) y el universal (en el juicio final), así hay dos maneras de juicio de vivos, que son, asimismo, el particular y el universal, según que el Señor haga el castigo contra una sola nación (Día del Señor contra Egipto, contra Jerusalén, contra Babilonia, etc.) o bien de todas a la vez ("Día del Señor contra toda la gente o naciones").
Por lo tanto, el juicio universal de vivos o de toda la gente o naciones es el que tendrá lugar en el llamado Día del Señor; es el que se nos describe con frecuencia en los Libros Sagrados con carácter colectivo y social para el fin de los tiempos. En este Juicio Divino serán sometidos todos los hombres y todos los pueblos.
Las descripciones de algunos juicios particulares desencadenados por Dios contra los pecados de los hombres, por ejemplo la destrucción de Jerusalén por los ejércitos romanos, y que se encuentra narrada por el historiador Flavio Josefo, es algo terrible que no se compara en nada con lo que será el Juicio de las Naciones. Veamos lo que dice la Biblia:
Isaías XXIV, 1, 6:
"He aquí que el Señor devastará la Tierra y la dejará asolada, trastornada la superficie de ella y dispersará a sus habitantes . . . La Tierra está profanada por sus habitantes, pues han traspasado las Leyes y violado sus Mandamientos . . .por eso la maldición devora a la Tierra, Y QUEDARÁ SOLAMENTE UN CORTO NÚMERO".
El pensamiento del Profeta es claro: La Tierra se encuentra profanada por sus habitantes, por lo que será devastada y quedará un corto número, por lo cual es evidente entonces que no termina el mundo.
Jeremías XXV, 30 y ss; XXX, 23-24:
". . . Ruge el Señor desde lo alto y desde su santa morada hace oír su voz . . . contra todos los habitantes de la Tierra. Hasta los cabos del orbe el estruendo, PORQUE EL SEÑOR ENTRA EN JUICIO CON LAS NACIONES para juzgar a todos, para entregar a los impíos a la espada, palabra del Señor. Así dice el Señor de los Ejércitos: He aquí que el mal pasará de una nación a otra y un gran huracán se desencadenará desde los extremos de la Tierra . . . He aquí que se desatará el torbellino de Yahvé, tempestad furiosa que se precipita y descarga sobre la cabeza de los IMPÍOS. No se calmará el ardor de la Ira del Señor hasta realizar y cumplir sus designios. VOSOTROS LOS CONOCERÉIS AL FIN DE LOS TIEMPOS".
Miqueas IV, 1-3:
"Al fin de los tiempos . . . juzgará a muchos pueblos y ejercerá la justicia sobre las NACIONES poderosas y hasta las más lejanas".
Salmos 109, 5-6; 149, 7-9:
"Cerca está EL DÍA GRANDE DEL SEÑOR; próximo está y llega con suma velocidad . . . día de Ira es aquel, día de angustia y aflicción, día de devastación Y DE TINIEBLAS".
Como habíamos dicho anteriormente, el Día del Señor que el Profeta anuncia, será el Juicio sobre todas las Naciones, que reciben su castigo mientras que Israel, purificado por el cautiverio, se convertirá a Yahvé.
Joel II,2; III, 12-17:
"Tiemblen los habitantes de la Tierra que se acerca el día de Yahvé. DÍA DE TINIEBLAS Y OSCURIDAD . . . que se alce la gente y marche al Valle de Josafat (Valle del Juicio), que ahí me sentaré a juzgar a los gentiles de en derredor . . . porque su iniquidad es grande . . . el sol y la luna se oscurecen y las estrellas pierden su brillo . . . ."
Zacarías XIII, 8-9:
"Y sucederá en toda la Tierra, dice el Señor, DOS PARTES de ella serán dispersadas y perecerán, y la tercera parte quedará en ella. Esta tercera parte LA HARÉ PASAR POR EL FUEGO, y la purificaré como se purifica la plata, y la acrisolaré como es acrisolado el oro. Ellos invocarán mi nombre, y yo los escucharé propicio. Yo diré: Pueblo mío eres tu; y el dirá: Tu eres mi Dios y Señor".
San Pedro en su segunda carta y en su capítulo III, 5-7, dice:
"Así como un día desapareció el mundo destruido por las aguas del diluvio, así otro día los Cielos y la Tierra serán purificados por el fuego, y en ese día perecerán los impíos".
En resumen, la idea de un castigo universal sobre la Tierra debido a los pecados de los hombres, aparece claro en los Profetas, según se ha demostrado, así como la selección de un corto número que saldrá purificado de esa gran prueba.
El Juicio de las Naciones llegará porque está decretado; y que este Juicio o castigo al mundo, predicho desde hace miles de años, se cumplirá hoy y ahora, es una verdad constantemente manifestada en los mensajes marianos y en la realidad histórica en que nos ha tocado vivir. Por tanto, el tiempo que queda es corto, más corto de lo que pensamos . . . el que quiera entender, que entienda.
Respecto a lo que nos dice el Apocalipsis (VI, 12-17), y también los Evangelios por Jesucristo al revelarnos con gran claridad lo expuesto por los mismos Profetas, de que "habrá señales en el Sol, en la luna, en las estrellas, y sobre la Tierra perturbación de las Naciones, aterradas por los bramidos del mar y la agitación de las olas" (Luc.XXI, 25), se suele preguntar: ¿hay que tomar estas expresiones en forma literal? Muchos exégetas ven en estas expresiones proféticas, metáforas para expresar tiempos duros y calamitosos; mas sin embargo, creemos que no hay inconveniente en admitir que se realicen según se anuncian y profetizan, pues así como la primera venida de Cristo, cuando El moría en la Cruz, "hubo oscuridad sobre la Tierra desde la hora sexta hasta la hora nona", y la Tierra tembló y se rajaron las rocas (Mc.XV, 33; Mt. XXVII, 52) y ello se cumplió a la letra, ¿Porqué no habrá de cumplirse también literalmente los anuncios relativos a la Parusía?"

El concepto queda claro, la dificultad radica en ubicar dicho evento en los acontecimientos finales. Unos disocian al "Juicio de las naciones" de la Venida o Parusía de Cristo para el Juicio final y así parece surgir de algunas líneas exegéticas como la que efectuamos aquí, en consonancia con el más puro alegorismo en relación al "milenio". Otros, como el mismo P. García Ramos, sostienen que dicho Juicio de vivos es ya la Venida de Cristo, en su primera etapa (la segunda, mediando un tiempo de paz entre las dos que algunos llaman "milenio" pero que podría ser sólo un "milenio discontinuo", sería el Juicio de muertos) y lo relacionan con la profesión de Fe del Credo:  "vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos". 

En todo caso, parece haber distintos momentos en esa "primera etapa". La secuencia sería la que sigue: el primer acto,  la destrucción del Anticristo por el "soplo de su boca" o el "resplandor de su Venida", que es "visto" por las naciones. El segundo acto, las señales cósmicas: "cuando te extinga cubriré el cielo..." (Ezequiel 32, 7) y que explica el porqué los israelitas se alumbrarán con la quema de las armas que quedaron en el campo de batalla por siete años (Ez 39, 9). El tercer acto sería propiamente el "día grande y terrible" (Joel 2, 31).  

El problema mayor es compaginar estos datos con lo sorpresivo de la Segunda Venida ("como en los tiempos de Noé", "vendré como ladrón en la noche", parábola de las diez Vírgenes). Ello podría resultar si la destrucción de todas las naciones -exceptuado el resto que quede- fuere simultánea a la destrucción del Anticristo, esto es a los 1260 'días' en el cómputo del profeta Daniel. Pero en contra de ésto tenemos que las señales cósmicas y los "bramidos del mar" tienen un efecto de atemorizar a los "reyes, tribunos, ricos, fuertes, siervos, libres" (nótese que éstos se esconden de la 'vista' del Cordero) los cuales entonces, como dijimos en el párrafo anterior, sobrevivieron al Anticristo. 

A esta dificultad podemos ofrecer dos soluciones provisorias, que no son imcompatibles entre sí: 1) todos los eventos que relatamos ocurren uno tras otro como formando un mismo acontecimiento (es lo que pensaba Santo Tomás de Aquino el cual evocaba los crujidos que no se distinguen de la caída de una montaña); 2) el evento que coincide con el cumplimiento de los 1260 'días' no será percibido por las naciones como un castigo divino sino como un fenómeno natural, pero esto no cuadra con los restantes datos: corolario de la destrucción de Gog, en el cual las naciones reconocen en ese castigo la "mano de Yahvé" y el temor de todos a que hicimos referencia, si bien queda claro que éstas manifestaciones no implican necesariamente una conversión sino simplemente el reconocimiento del poder divino (de hecho, Ap. 15, 21 dice que los hombres "blasfemaron de Dios" por la plaga del granizo de la séptima copa).

De acuerdo a esto, la  expresión "uno será tomado y el otro dejado" de Mateo 24, 40 pudiera hacer referencia a los que son 'tomados' (muertos) y a los que son 'dejados' (como sobrevivientes) en concordancia con lo que se deja dicho en Mateo 13, 30 en relación a la cizaña y al trigo; no obstante, también pudiera hacer alusión a que los 'tomados' son los que salen al encuentro de Cristo en su Venida (los "arrebatados" de 1 Tes 4, 16) y los 'dejados' son los destinados a la ira divina.

Así las cosas, como decía el P. Benjamín Martín Sanchez, la posibilidad de vernos aquí y ahora en vísperas de la "siega" es tal que debe extremar en nosotros el mandato evangélico de "velar y orar" -que en eso consistiría el "aceite" en la parábola de la diez Vírgenes-  de modo de ser contados entre los que salgan indemnes -a la manera de los tres jóvenes del relato del libro de Daniel- del "Juicio de las naciones". 

miércoles, 10 de agosto de 2016

Etiquetas


Como algunos pretenden encasillar  las posiciones del blog etiquetándolas de diversos modos a los que por lo general se les confiere una connotación negativa (por caso, la de "acuerdistas" o "apocalípticos", etc) aquí va un compendio -actualizado- de aquéllas y las precisiones que estimamos oportuno efectuar en relación a cada una, por separado:

1- "Acuerdismo": 

Nunca fuimos "acuerdistas",  puesto que no hay nada que "acordar": Roma debe reconocer a la FSSPX tal cual es (deber que se extiende a todos los Papas, sean éstos ortodoxos o no). En miras al apostolado,  nos basta con la concesión pública de facultades para la administración de todos los Sacramentos, lo cual, en un sentido laxo,  se podría decir que ya es una realidad: se hicieron lícitas las confesiones durante el "Año de la Misericordia" -las que en forma verosímil seguirán vigentes más allá de su finalización- por las cuales se absuelven las eventuales dudas que los penitentes pudieran tener sobre la recepción lícita de los restantes sacramentos impartidos por la FSSPX  y se autorizaron ordenaciones de Sacerdotes sin necesidad de contar con el visto bueno de los Obispos locales,  careciendo de sentido una autorización que recayera en Sacerdotes que luego impartieran sacramentos en forma ilícita. Entonces, no nos interesa el "marco canónico" (al que la FSSPX tiene derecho). Luego,  dijimos que un eventual reconocimiento no transformaría a la FSSPX y a la Tradición en un fenómeno de masas, siendo que constituyen  -y lo seguirán siendo- un "resto".


2- "Resistencia":

Aquí debemos distinguir la posible fundamentación de la postura por sus proponentes, de las formas utilizadas para su adopción. Respecto de la primera, como no conocemos las conciencias de sus sostenedores, no podemos concluir si en ellos prima un "miedo grave" (a las consecuencias que podría acarrear el someterse a un "marco canónico" ) justificante de la postura (puesto que no lo han alegado expresamente o no se colige de sus manifestaciones) o bien el "celo amargo", el "espíritu sectario o cismático", el "liberalismo protestante" o simplemente el "quinta columnismo" (de hecho, es significativo que los enemigos de la Iglesia tengan el mismo parecer que los "resistentes" en este punto). En cambio, las formas (publicación de cartas privadas, ataques "ad hominem", desear el mal bajo apariencia de lo contrario, etc) claramente no son católicas.


3- "Papado":

Hemos demostrado la existencia perpetua y visible del Papa, sea con jurisdicción propia o suplida, lo que desmonta las tesis "sedevacantistas", sea en su variante "Papa materialiter" o absoluta. En este capítulo vemos con preocupación la crítica sistemática de las actuaciones papales (las que han incluído en algún caso montajes fotográficos) por ciertos grupos de "neo tradis". La crítica se debe hacer con respeto, no atacando a la persona del Papa ni a su investidura. Y sobre todo, enmarcando el pontificado actual, como siendo un corolario -ciertamente más directo y chocante- de la deriva conciliar.


4- "Fátima":

Ya hemos demostrado que falta hacer la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María y que falta divulgar el texto que explica la visión del "tercer secreto" (sobre cuyo contenido, dicho sea de paso, hemos recibido algunas "luces"). Dicho esto, el "triunfo final" de la Virgen que supone la consagración solemne de Rusia (como surge de forma palmaria de las palabras conocidas del Secreto: "Al fin mi Inmaculado Corazón triunfará, el Santo Padre me consagrará Rusia la que se convertirá y le será dado al mundo un cierto tiempo de paz") debe enmarcarse en los eventos que preparan inmediatamente la Parusía (el "tiempo de paz" es esjatológico, implica la conversión de los gentiles -entre los cuales está el pueblo ruso- y la de los hebreos que es al "filo de la historia").


5- "Apocalipsis":

La crítica proviene de quienes carecen de los conocimientos o de la inspiración necesarios para la comprensión de todos y cada uno de los símbolos que nos proporciona el apocaleta  (y los profetas vetero testamentarios) o de quienes los mal interpretan, postergando sine die o para una época posterior, la efectiva realización de los acontecimientos predichos en el último libro de la Revelación. Entre los primeros, contamos con algunos integrantes del clero, que se sienten interpelados por su falta de conocimiento y recelan de los laicos (máxime si estos son coterráneos, puesto que se verifica aquéllo de que "nadie es profeta en su tierra" y de que "nada bueno ha de salir de tal o cual lugar"...); entre los segundos, los "modernistas" (a los que no interesa en lo más mínimo verse confrontados con los acontecimientos finales) o los "restauracionistas" (que consideran que estamos en la "Iglesia de Sardes" y que luego de un "castigo" viene un "triunfo" seguido de otro "castigo", a saber el Anticristo, que entonces pisotea el "triunfo"...). La verdad es que estamos en la "Iglesia de Laodicea" y que los Capítulos XI, XII y XIII están desarrollándose ante nuestros ojos, faltando sólo la apertura del "sexto sello"...Sin embargo, conviene precisar que la Iglesia sí será restaurada (lo dicen las Escrituras) pero enmarcándose dicha "purificación" en los tiempos pre parusíacos, que introducen el "Reino".


martes, 12 de julio de 2016

La Ramera que no es



Juan Manuel de Prada, el brillante escritor español, ha escrito una nota en "Abc" que titula "La última luz" en la cual, a la par de revelarnos que pasa personalmente por una "noche oscura", efectúa una comparación entre las dos Mujeres del Apocalipsis, a las cuales confiere un significado particular: la Ramera es, para él, la  religión adulterada y la parturienta es la religión fiel.

Sabemos que el autor ha estado muy influenciado por el P. Castellani, que es quien expone esa exégesis en el Capítulo I  del cuaderno III de su libro "Los papeles de Benjamin Benavides": "Las Dos mujeres del Apokalypsis representan la religión en sus dos polos extremos, la religión corrompida y la religión fiel, la Forneguera sobre la Bestia roja y la Parturienta  vestida del sol de la Fe, pisando la luna del mundo mudable, y coronada  de la venticuatral diadema estelar, patriarcal y apostólica".

Nosotros efectuamos una exégesis de las profecías vetero y neo testamentarias que conforman un sistema (para quienes lo conocen, con mucha lógica) pero respecto del cual  y por razones que nos incumben, preferimos mantener reserva. En ella, la Mujer parturienta es ciertamente la Iglesia (también, por razones cronológicas, la Virgen de Fátima) que luego del nacimiento de su misterioso "hijo varón" (el "remanente fiel"), es llevada al desierto. Pero la Ramera no es en absoluto la falsificación del catolicismo asociada a la "Iglesia conciliar". Esta se encuentra representada en el "Falso profeta" que "tiene cuernos como el Cordero pero habla como el dragón" (Ap 13, 11).

El peligro de la explicación del P. Castellani, que retoma Juan Manuel de Prada, es que se aparenta y mucho a la exégesis protestante: para ésta, las "siete colinas" son las de Roma y por tanto la Ramera que está sentada sobre la "Bestia romana" es "el Vaticano" (ya ni siquiera la "Roma imperial"...). Esta exégesis ha sido adoptada como suya -por razones obvias- por los sedevacantistas (así por ej. por los "Hermanos Dimond"). Pero es peligrosa no tanto por la naturaleza que se le quiere dar a la Ramera que es precisamente la de ser una falsificación -como dice el mismo P. Castellani una ramera no se distingue externamente de una que no lo es- sino porque no cuadra con los restantes elementos que nos brindan las Escrituras.

En efecto, la Ramera se asienta sobre "siete colinas", que "son siete reyes" (Ap 17, 10) los que a su vez son identificados como las "siete cabezas de la Bestia". Allí es donde los partidarios de esta exégesis empiezan a hacer agua: los protestantes hacen coincidir a la Ramera con la aparición del "Estado del Vaticano" luego de los Acuerdos de Letrán de 1929 y así la "primera cabeza" es para ellos, el Papa Pío XI...y  los del "sedevacantismo", si la retoman tal cual (y los Dimond lo hicieron), están entonces diciéndonos que ese Papa y Pío XII fueron "cabezas" de la Bestia, con sus propios "títulos blasfemos"...(¡los blasfemos son ellos!). 

Los que tienen más vergüenza al menos tienen la precaución de hacer empezar el cómputo de las siete cabezas con Juan XXIII... pero siguen haciendo agua: Francisco sería el que, en la visión de San Juan, correspondería a la cabeza sexta: "cinco han caído, uno es". ¿Y porqué "es"? ¿acaso vivió en esa época? Claro que entonces tendríamos que esperar a un séptimo y a un octavo..."que es uno de los siete" (a lo mejor piensan que quizás un Papa futuro se reencarne en Francisco o en Pablo VI  quién sabe...).

Luego, tendrían ellos que dar cuenta de porqué la Ramera  se encuentra "ebria de la sangre de los santos y de la sangre de los testigos de Jesús" (Ap 17, 6) , de porqué en un momento dado esas mismas cabezas se volverán contra ella y la dejarán "desolada y desnuda" (Ap 17, 16) y de porqué los mercaderes del mar o los marineros se lamentarán por su caída  (Ap 18, 15)...Inconsistencias que le dicen...

Todo ello debe hacernos ver el error que supone el seguir explicaciones o exégesis que no por unánimemente consensuadas dejan de ser inexactas,  que para no salirnos del tema (la Ramera que no es) no vamos ahora a ejemplificar. 

martes, 5 de julio de 2016

El Dardo que no da en la diana



Me figuro a Dardo como siendo uno de los "antiguos" de la feligresía de la FSSPX, con todos los pro y los contra que tiene esa condición. Y como tal, lo respetamos (amén de ser el hermano de un Sacerdote de esa congregación). Pero nos hubiese gustado que Dardo tuviera un poco de consideración por nuestra "antigüedad", que es la de ser un blogger con casi diez años en la red (es cierto que con una interrupción en el medio). Porque en ese caso, Dardo,  se perdió mucho de nuestro "derrotero" (y nos reímos de la palabra porque pareciera que esa senda ha estado pautada por "derrotas"). 

La acusación que sugiere en relación a nosotros parece una enormidad: "fariseo". Pero no nos escandalizamos,  nosotros mismos la hemos utilizado (aunque en forma genérica) para referirnos a quienes nos tildan (sí, porque pertenecemos Dardo a la misma filiación espiritual) de cismáticos...Pero no sólo "parece" sino que es una enormidad: comparar a la perversión de la Ley antigua con la fidelidad a la Ley perfeccionada por Cristo mismo, lo es. 

Porque la Ley canónica, como emanación del Derecho divino y de la constitución divina de la Iglesia (dejando a un lado aquello que no pertenece al magisterio ordinario y de paso lo remito a nuestra nota que comenta la suya) debe ser de estricta observancia. Fíjese que, aunque parece haber quedado en el olvido por los cristianos de hoy, el Derecho canónico nos rige desde que nacemos a la Fe (bautismo), pasando por las etapas de crecimiento de la vida espiritual, nuestro estado de vida y nuestra muerte...La misma acusación de "cisma" que nos hacen es una acusación que responde al Derecho canónico, el cual proporciona la definición del delito en cuestión, así como las eximentes de responsabilidad...

Luego, se suele decir que debemos "dar razón de nuestra Fe" y agregamos, de todas nuestras acciones. Eso lo hacemos cotidianamente. No sé si Ud. Dardo está felizmente casado o no. Pero si a Ud. le preguntaran del porqué se casó con su Señora, Ud. no respondería "porque sí". Daría razones (porque le atrajo su físico, por las virtudes que presentaba, etc). Lo mismo hacemos nosotros con nuestra pertenencia a la feligresía de la FSSPX. Si no, puede pasar como aquella persona  -"fiel" de la FSSPX- que al serle preguntado  porqué la FSSPX no propiciaba la asistencia a la nueva misa, respondió (fuimos testigos de ello) que era porque en la nueva misa "¡no había consagración!"...que es justo lo único que podemos decir que, por misericordia divina, quedó en pie (excepto la cuestión de la "intención" del Sacerdote)...

Nosotros tenemos una confianza ciega en la FSSPX (si nos hubiera leído, Dardo, se habría dado cuenta que hasta le adjudicamos a ella y a las "comunidades amigas", la nota de "testigos escatológicos"). Y en ese carácter, con una suerte de "infalibilidad". Por ello, deberíamos hacer como Ud. (no preocuparnos en lo más mínimo de las decisiones de la FSSPX). Pero es que queremos "dar razón" de ellas...Además que esa suerte de "infalibilidad" no se extiende más que al testimonio de la doctrina y de la liturgia de siempre, no se extiende a otros actos (por caso, el diseño de la capilla madrileña de la FSSPX...) y que tampoco sabemos si todos quienes pertenecen a la FSSPX actúan o promueven acciones en línea con ese testimonio o se apartan de él...

Porque detrás de todo ello, hay una motivación apostólica: queremos atraer almas a la FSSPX, tantas como se pueda, y hoy por hoy, nos guste o no, hay que hacerlo con el Código de Derecho Canónico en la mano, porque nos lo preguntan, y los que no nos lo preguntan son como aquél "fiel" que no supo dar razón...Lo otro es puro liberalismo (estoy aquí o allá porque "me da la gana") o modernismo (porque lo "siento así" y cuando dejo de sentirlo ya no más).

Cristo mismo nos pedirá "cuenta" (razón de nuestros actos): Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?” (San Mateo 22,1-14).